Gestión pasiva contra gestión activa en España: el debate que ya no es debate

Hace diez años, hablar de gestión pasiva en España era cosa de frikis financieros. Hoy, según datos de FundsPeople, las gestoras internacionales de gestión pasiva acumulan cerca de 88.700 millones de euros en España, lo que supone el 35,9% de su patrimonio total. En cinco años, la indexación ha pasado de ser marginal a representar más de un tercio del dinero gestionado por firmas internacionales.

El fenómeno tiene dimensión global. En Europa, los ETF UCITS captaron 347.000 millones de euros en 2025, un récord histórico según EFAMA. Los fondos de renta variable pasivos atrajeron 261.000 millones, mientras que los activos sufrieron salidas netas de 14.000 millones. Los números no mienten: el dinero se mueve de la gestión activa a la pasiva de forma sostenida.

Por qué la gestión pasiva gana terreno en España

El argumento central es el de siempre: a largo plazo, entre el 80% y el 90% de los fondos de gestión activa no logran batir a su índice de referencia después de comisiones. Pagar un 1,5-2% anual por un fondo que no supera al mercado es caro. Pagar un 0,10-0,30% por un fondo que iguala al mercado es eficiente.

Además, el ecosistema español ha mejorado mucho. Plataformas como MyInvestor, Indexa Capital, Openbank o Renta 4 ofrecen acceso a fondos indexados de Vanguard, Amundi, Fidelity o iShares con mínimos bajos o inexistentes. Ya no hace falta ser un inversor sofisticado para montar una cartera indexada diversificada. Indexa Capital, por ejemplo, superó los 4.300 millones bajo gestión y anunció bajada de comisiones para 2026.

La ventaja fiscal de los fondos indexados en España —la posibilidad de traspasar sin tributar— es otro factor clave. A diferencia de los ETF, los fondos indexados permiten rebalancear la cartera sin pasar por Hacienda. Eso los convierte en el vehículo preferido del inversor particular español que invierte a largo plazo.

La gestión activa no está muerta, pero sí en revisión

Esto no significa que la gestión activa haya desaparecido. Gestoras como Mutuactivos, Cobas, AzValor o Bestinver siguen captando dinero y tienen bases de clientes fieles. En nichos como la renta variable española, los emergentes o el crédito corporativo, la gestión activa puede aportar valor.

Pero el modelo ha cambiado. Las comisiones de gestión activa están bajo presión. Las gestoras que no justifican sus costes con resultados pierden partícipes. Y los ETF activos —fondos cotizados con gestión activa pero a costes mucho menores— están empezando a llegar a Europa con fuerza. En 2025, los ETF activos europeos crecieron un 86% hasta los 96.300 millones de dólares.

Los roboadvisors también han jugado un papel importante en la democratización de la gestión pasiva en España. Plataformas como Indexa, InbestMe o Finizens construyen carteras diversificadas de fondos indexados de forma automatizada, con comisiones totales inferiores al 0,50% anual. Para el inversor que no quiere complicarse, son una puerta de entrada excelente.

El inversor español de 2026 tiene más opciones que nunca. Fondos indexados para el núcleo de la cartera, gestión activa de calidad para posiciones específicas, y un ecosistema de plataformas que hace todo más fácil y más barato. Lo único que no ha cambiado es que no hacer nada con tu ahorro sigue siendo la peor decisión posible.